"Yo llego al expresionismo porque la exaltación conceptual de las formas.
No es un hecho puramente gestual sino una posición -a través del tiempo- de mis signos profundos".
En 1975, en el mes de marzo, conocí en Buenos Aires a Jorge Ludueña. Me interesaba mucho su obra, pero había visto hasta entonces muy pocos
cuadros suyos. Le pedí por ello que me llevase a su estudio y tome algunas notas sobre la obra que estaba realizando. La Nueva Figuración se
había iniciado en Buenos Aires con el nombre de Otra figuración bajo los auspicios de Jorge Romero Brest, en 1960.
Pintar es algo más que reflejar con rigurosa exactitud la aparente realidad que nos rodea, y es algo mas también, que el juego puramente esteticista
y decorativo, de recrear sobre el lienzo una realidad pictórica, desarraigada de todo compromiso, y nacida de una autocomplacencia narcisista sin
otra intencionalidad discutible.
No es fácil pintar el tiempo. El tiempo que se desliza sobre las cosas, que corroe la materia, que santigua los rostros.
No es fácil pintar el tiempo que es sinónimo de memoria, de nostalgias, de símbolos interiores para que la mirada desentrañe...
Rembrandt lo captó en la sabiduría silenciosa de su madre, en el juego trastocado de sus autorretratos, en la tempestuosa Crucifixión de Munich.
Memling lo descubrió en el seráfico encanto de sus criaturas, en el martirio de las once mil vírgenes, en la mística de sus Edenes.
Turner lo retuvo para sus pinceladas en la ilusión de la atmosfera que contiene y da forma de paisaje, en las tempestades de nieva y en los
incendios de palacios. Tapies supo de él en lo mineral de la materia, en el otro lado de lo informe, en el gesto que desnuda y da cuerpo.
Ante la obra que llamamos “de arte”, siempre me pregunto y siempre en vano, qué aliento divino -“vital aliento de la madre Venus, céfiro blanco...”-
es ese que le confiere la gracia de transcender a lo que sólo es una obra de habilidad manual; y quién se autoriza, aplicando un código que no
está escrito, a dictar sentencia y a otorgar mercedes.
Lo universal, ese componente expansivo del arte, ansiado, buscado por los artistas, se oculta sabiamente en lo más secreto de la intimidad,
en ese lugar tranquilo y calmo, donde el hombre reposa su humanidad, donde toma fuerzas de sí mismo, de sus minutos cotidianos,
de los acontecimientos que albergan, de las palabras que no parecen llevar consigo un contenido extraordinario.
Comienzo a pintar seriamente en 1958. Al poco tiempo aparecen en mis pinturas signos de marcado expresionismo, aunque controlado. Esta etapa llega hasta 1969.
Entonces comienzan a aparecer características propias de la nueva figuración.
ones Ludueña acompañó a su esposo Jorge Ludueña durante más de 30 años, siendo una de las personas que más lo conoció.
Actualmente se encarga de resguardar y preservar el legado del artista. En esta entrevista repasa la trayectoria de uno de
los pintores expresionistas contemporáneos más influyentes que tuvo Argentina y España.
Muestra homenaje.
Esta exposición de Jorge Ludueña se inscribe dentro de un programa que intenta poner otra vez en circulación las obras de excelentes dibujantes como lo han sido Lajos
Szalay, Lino Spilimbergo, Aurelio Salas, Miguel Ángel Guzmán, Armando Donini, Osvaldo Attila y Ezequiel Linares, entre muchos otros.